Camino… de Santiago

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17 Nov Camino… de Santiago

Caperucita Roja, el gato con botas, Garbancito, La casita de chocolate,… son muchos los cuentos en los que los caminos son el escenario de la acción. Y es que es en ellos donde podemos esperarnos lo inesperado, donde podemos encontrarnos perdidos, donde podemos ver lo invisible. No son tan infantiles esos cuentos de niños. Relatan experiencias que van más allá de los sentidos y que no se pueden expresar si no es con metáforas. Realizar el Camino de Santiago podría tratarse como uno de esos cuentos, protagonizado por los cincuenta alumnos y alumnas del curso de 4º de ESO: Érase una vez cincuenta alumnos que con sus profesores, se pusieron en camino…

Recuerdo un lema educativo de hace unos cuantos años ”traer el mundo a las aulas”. Por una parte pone de manifiesto el desapego que los programas escolares mantenían respecto la vida real de los chicos y chicas. Hoy podríamos enarbolarlo sin pudor, pues la escuela, en general, sigue sufriendo esas inercias.

Pero seamos más ambiciosos y atrevámonos a imaginar: ¿por qué no llevar el aula al mundo? Este es el punto de partida de nuestro proyecto cooperativo; ser un proyecto de aprendizaje integrado, donde lo convivencial, lo cooperativo, lo académico en sentido estricto, se mezclan en una experiencia compleja que no deja indiferente el interior de las personas que lo viven.

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Y es que en este proyecto contamos con varios factores que contribuyen a desarrollar intensas experiencias individuales y de grupo. El primero es el factor cultural. A nadie se le escapa que el entorno facilita. La tradición y la realidad que encontramos hacen del camino un espacio privilegiado para la experiencia interior: caminar con personas muy diferentes a nosotros, normalmente extranjeros, que viajan solas, o en pequeños grupos, con peculiaridades muy singulares, generalmente dispuestas a lo mejor. En todos los peregrinos se puede percibir un recorrido interior más o menos profundo. Personas que nos ven necesitados de ayuda y dignos de ella. Vecinos acostumbrados a ver pasar peregrinos y a echar una mano si es preciso, que llevan a gala ser hospitalarios con el que llega. Todo esto los chicos lo ven como protagonistas.

El segundo factor es la naturaleza. Tan exuberante y tan crítica en momentos. Naturaleza que todo lo condiciona. Acostumbrados a recorrer el calendario urbano sin el menor sobresalto, en el Camino es el calor, el frío, la lluvia, quienes imponen su ley. Es inútil negarse a ella. La naturaleza brinda un sinfín de oportunidades de conocimiento, que los profesores y los alumnos aprovechan.

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El tercer factor es más importante: el físico. Andar es una actividad dura, sobre todo cuando se hace con una mochila a la espalda y cuando la mochila está llena de cosas prescindibles. El cansancio, las lesiones, las ampollas, el mal estar , son compañeros nuevos con los que no estamos acostumbrados a tratar. Y es el cuerpo, la puerta de la experiencia interior. ¡Cuántas cosas se relativizan! Después ya nada es lo mismo. Si esta experiencia es acompañada y compartida, el resultado es dinamita.

Por todo ello, recorremos en seis días los 115 km que separan Sarria de Santiago de Compostela. Cada mañana, a las 7h, aún de noche, una hilera de jóvenes peregrinos se dirigía a poniente. Y después de alcanzar el final de cada una de las etapas, tocaba tiempo para la reflexión personal y de grupo, para las otras cosas. La asamblea era el momento de tomar el pulso del grupo, de organizar las tareas, revisar problemas, prever el día siguiente y trabajar sobre el diario del peregrino.

La organización de este proyecto es compleja pues encaja muchos elementos, desde la logística básica hasta el acompañamiento personal de cada chico, dinamización tutorial, programación de actividades en el Camino, y, si se puede decir, prever imprevistos. Nada que reste profundidad a una experiencia tan constructiva.

Cuando llegamos al Monte do Gozo, con las torres de la catedral a la vista, hoy en restauración, todos los cansancios se curaron y, finalmente, tumbados en la plaza del Obradoiro, una satisfacción muy especial, muy fraterna, nos invadió a todos por unos minutos. Después la vida siguió.

Carlos Castro
Delegado de Pastoral Curricular y Profesor en ESO

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